jueves, febrero 22, 2007

Moderna

No sabe a dónde ir ni qué hacer ahora que tanto el tiempo le sobra
y ni sabe cuánto le sobra desde que no hace ruido la arena del reloj.

Ahí la ví: sentada junto a la ruta, corazón de piedra sobre piedra.
Añorando su luna de plata y cicuta estaba la muerte pensando, quién sabe.
Tal vez en sus días de implacable y no en éstos, que las penas rondan ajenas, y una vino intrusa a arroparse justo en sus costillas y desde ahí le soplaba un pensamiento:
¿Qué hago ahora conmigo si ya nadie se juega el aliento?

La había visto antes pasar encapuchada por la estación de los últimos trenes.
No encontró a nadie, no señor, nada de nadie y no encontró
ni un suspiro suspirando por su dueño ni un sueño partido por el peso de los intentos.

Como llegó se fue después de ver al último tren de la niña irse, y sin niña corriéndole atrás.
Derramadas en el viento giraban por el suelo algunos viejos boletos y todavía giran,
giran penas, giran cosquillas y se juntan en una rejilla
para ser tan suelo como las baldozas que de a poco se enfrían.

¿Y la niña, me preguntan? Ya no deshoja margaritas, ni huele la miel de los panes lactales y es que algún canal lo hace por ella y ella lo mira marchita a la deriva de un sillón que sube, que sube y que baja en el vaivén de la marea de la luz del televisor.
Y eso le apenaba a la muerte, destituida de su imperio:
¡Qué demonio de caja, que hace de los cuerpos una sepultura para el alma!






Pasan los días, pasan

lunes, enero 15, 2007

Gota de bálsamo

Qué se siente -que lo diga él sólo- ese frío de aliento de otoño a la mañana siguiente de un desvelo de algodón envuelto en mi camisa del hombre feliz.
Qué se siente- que lo diga él sólo- que esa piel blanca de arena
le hiciera camino al exilio, al desierto y sus penas.

Con su hilo de voz se pregunta qué dios le abrió en dos tal escote esa noche.

Qué se siente- que lo diga él sólo- que el recuerdo más preciado le hiciera la vida ya toda descenso, ya toda ceniza, ya sol desvelado.
Qué se siente la carne después del Edén de sus labios, de las sábanas despeinadas a las mesitas de luz inundadas de sus burlones resabios.

¿A qué saben -que él se responda- las noches desnudas
después de esa miel de origen divino?
Qué invierno los besos después de beberse uno de esos.
Qué sequía son otras cinturas después de ese exceso.

Ya es memoria de un sueño. De vuelta en los suelos, sólo le queda el secreto sombrío que la memoria le guarda en cada uno de sus abrazos, ahora tan mortales.
...tan mortales.


















Mañanas de ayer

sábado, diciembre 02, 2006

Se ha perdido

Ando buscando una niña
si es que pasó por aquí.
Llevo años buscando por dentro
de besos de encuentros, de hola qué tal.
Ella ahogaba su miedo en mi mar,
su pasión profanaba un altar.

De aquí a un tiempo que se esfumó,
se esfumó estando abrazados.
La mujer que quedó a mi lado
se puso un candado en sus puertas de amor.
Y es que un día aprendió a dudar.
Ha perdido su sangre de amar.

Las ilusiones son un barquito
de papel en la lluvia impaciente.
Se mancharon de intentos sus sueños
de huídas sus dueños, de malhoja París.
Que me llamen sus ojos de ayer
que solían pintarme sin ver.

Los días me empañan recuerdos
parecen ya de cartón.
De nombre a neblina, la niña
se fue sin razón, tal cual hice yo.
Que la busco y no la puedo hallar,
que en su pecho descansa mi hogar.

Pesa vivir con su ausencia
la calma del cielo apagado.
Las pasiones son sólo canciones
los mares espumas, las heridas sal.
Y es que nunca la voy a encontrar
porque también yo ya me perdí.

Ya no tienen el mismo estallido
que a los dieciseis años el brillo
de las vetas de amor.

 
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